• Hubo un tiempo en el que el hombre conocía su herencia y su linaje; conocía a Dios, no como una esencia ajena a su ser, sino como el Ser sublime de vida y pensamiento continuo que era la misma fuerza vital de su Yo divino y eterno. Hubo un tiempo en que el hombre sabía esto; erigió grandes pirámides para que se mantuvieran en pie a través de los tiempos y recordaran a la humanidad del «fuego interior», del Dios dentro del hombre.

    A pesar de todo lo que ha ocurrido en el curso de la historia, esas pirámides aún permanecen como símbolos de la grandeza y la divinidad del hombre. En los principios del hombre sobre este plano, cuando aún sabía que él era Dios, vivía en el mismo cuerpo durante miles de años, porque el poder que daba al cuerpo inmortalidad era la pureza del pensamiento ilimitado que el hombre expresaba en su estado de ser.

    Piramides

    Hubo un tiempo en el que el hombre conocía su herencia y su linaje.

    El hombre, Dios-hombre, empezó a olvidar que él era Dios incluso en su primera experiencia de vida sobre este plano. ¿Por qué? Porque amaba este maravilloso jardín de juegos en materia; y experimentar y crear aquí se convirtió en todo lo que realmente importaba. Y en sus esfuerzos por expresar su creatividad aquí —y mantener el vehículo que le permitía hacer esto— el hombre, la magnífica criatura de procesos de pensamiento ilimitado, empezó a experimentar los pensamientos limitados de supervivencia, celos y posesión.

    El ser del hombre —su alma y espíritu— es eterno. “Nada podrá nunca cambiar eso. Pero el cuerpo que los dioses crearon para sí de la arcilla de la tierra, es vulnerable a los pensamientos del ser inmortal que lo ocupa. Cualquier pensamiento que el hombre acepte y se permita sentir, se manifestará en el cuerpo, pues el cuerpo es la última parte del reino del hombre y está apoyado por los procesos de pensamiento del dios que lo habita.

    Cuando el Dios-hombre empezó a experimentar las actitudes de supervivencia, empezó a reducir su poder de pensamiento que activaba la fuerza vital eterna dentro del cuerpo. Así, el cuerpo empezó a sucumbir. Cuando el cuerpo empezó a fallar, disminuyó la capacidad del hombre de razonar a través de su cerebro. Cuando el hombre empezó a perder su poder de razonar, el miedo empezó a invadir su conciencia. Y cuando el elemento del miedo se convirtió en una actitud dentro de los procesos de pensamiento del hombre, el cuerpo empezó a sufrir la fuerza y los efectos del miedo: malestar, enfermedad, muerte.

    Aunque las primeras civilizaciones en vuestro plano estaban dotadas de una gran iluminación, lo ilimitado de sus procesos de pensamiento empezó a debilitarse hasta la limitación a través de la expectativa de la muerte y las actitudes de supervivencia. Esas actitudes de supervivencia, que surgieron del miedo a la muerte, se transmitirían a las generaciones futuras en forma de lo que se llama instintos de supervivencia; pues cualquier cosa que el hombre piensa se convierte en un patrón dentro de sus estructuras genética y celular.

    Los dioses entraron en las limitaciones de la materia a causa del deseo de experimentar su creatividad a través de la forma corporal. Pero cuando los dioses, como hombre, experimentaron actitudes de limitación sobre este plano, se quedaron, sin darse cuenta, encerrados en la experiencia corporal. Pues cuando cada dios experimentó la muerte de su primer cuerpo, entró en lo que se llama un vacío. Este vacío era un lugar, una dimensión de luz, no formaba parte de un entendimiento consciente de «Dios-conocedor de todo» ni del plano de la materia. El dios ya no podía volver al plano del pensamiento ilimitado, pues ahora guardaba dentro de sus procesos de pensamiento la alteración de actitudes limitadas.

    Para continuar avanzando en la vida, y ya que encontraba este jardín de juegos en materia una experiencia maravillosa, el dios estaba muy ansioso de volver aquí. Así que volvía en otro cuerpo a través de la semilla de su propia descendencia, para continuar expresándose en materia y conciliar todos los pensamientos limitados que había permitido que alteraran sus procesos de pensamiento en la vida anterior. Pero al experimentar más los aspectos materiales de este plano, el dios experimentó mayor alteración y se hundió más profundamente en la limitación. De esta forma empezó el ciclo de reencarnación sobre el plano de la demostración.

    A medida que los dioses volvían aquí como hombres, una y otra vez, para poder continuar sus aventuras en la vida, este plano se convirtió gradualmente en su concepto total de la vida, y ellos olvidaron su linaje y su divinidad. Dejaron de concebir a Dios como la totalidad, todos los pensamientos. Perdieron el conocimiento de que podían volver, si lo deseaban, al plano del pensamiento puro, del ser ilimitado, el plano de conciencia sobre el que se habían expresado desde un principio. Dedujeron que sólo podían experimentar esferas limitadas, pensamientos limitados. Así, emergieron otros planos de conciencia expresada, lo que se llama cielos limitados, esferas limitadas. Allí, después de la muerte del cuerpo, las entidades que habían olvidado el más grande y simple de todos los planos podían experimentar la vida de acuerdo con su felicidad y con las actitudes de su pensamiento colectivo.

    Cuando los dioses, como hombre, dejaron de saber que eran divinos e inmortales, y que todo el poder y todo el conocimiento habitaban verdaderamente dentro de ellos, comenzaron a ser vulnerables a los egos de aquellos a su alrededor. Pronto, surgieron entidades que buscaban elevarse por encima de las otras diciendo que sólo ellas, a través de sus poderes místicos y de su inmensurable fuente de conocimiento, poseían el entendimiento de Dios. Como el hombre se había convertido en una criatura atemorizada, una criatura que seguía al rebaño, estos videntes, profetas y oráculos buscaron acrecentar su poder proclamando profecías de fatalidad y peligro. Y si la gente no prestaba particular atención a lo que los videntes tenían que decir, ellos proclamaban maldiciones y amenazas de condena.

    Así nació la religión sobre este plano, para separar más al hombre de su belleza interna, su Dios eterno. Y la religión era muy astuta porque no tenía que gobernar y mandar sobre las gentes con la espada, sólo tenía que perpetuar la enseñanza de que Dios no estaba a su alcance; que el conocimiento y el poder sobre todas las cosas no estaban dentro de ellos.

    Ahora, el alma es memoria eterna. Ella recuerda todas las experiencias de todas las vidas. Cualquier cosa que se le diga al hombre lo suficiente —no importa lo alterado que sea un entendimiento— a la larga se convertirá en una firme realidad. Pues el hombre, el tímido buscador de la verdad, deseando tan desesperadamente ser aceptado, escuchará cualquier disparate. Así que si tú le dices al hombre tantas veces como sea necesario que Dios está fuera de él, y que él es miserable y malvado en su alma, estos pensamientos se convierten en entendimientos inquebrantables dentro de la memoria del alma del hombre, y serán muy difíciles de cambiar. Y eso es precisamente lo que ha estado ocurriendo durante miles de años sobre este plano. Estas entidades simples, regresando de una vida a la otra, cayeron continuamente bajo los auspicios de estas enseñanzas. Y llegaron a estar tan condicionados por el entendimiento de que ellos eran malvados y que Dios estaba fuera de sus seres, que llegaron a aceptar, absolutamente, que ellos eran cualquier cosa menos divinos; y que la única manera de conocer a Dios, de volver a Dios, era por medio del gobierno de profetas y sacerdotes y organizaciones religiosas.

    Cuando el hombre dejó de aceptar su propio saber interior como la esencia de la verdad, renunció a su soberanía y poder y se convirtió en una parte de la masa colectiva, lo que permitió a religiones y gobiernos de todas las épocas gobernar a la gente como si se tratara de una sola entidad. Pero no lo son. Todos son dioses únicos con destinos únicos que satisfacer y aventuras que experimentar. El hombre tiene derecho a sus aventuras.

    Cuando el hombre aceptó la enseñanza de que es miserable y pecador, y que el Padre está fuera de él, se apartó completamente de Dios. Y es ese entendimiento y el aceptar esa creencia lo que ha devuelto al hombre al cuerpo una y otra vez. Pues mientras el hombre abrigue el pensamiento de que él es todo menos divino, de que el Padre no está dentro de él, está condenado, en cierto sentido, a nacer un millón de veces, hasta que se dé cuenta su divinidad y viva, otra vez, en un estado de ser.

    La encarnación nunca pretendió ser una trampa. Nunca pretendió ser eterna. Era simplemente un juego en el cual participar, una nueva aventura en la exploración de la creatividad y de la vida. Pero tú te perdiste rápidamente en los sentidos del cuerpo, y tu cuerpo se convirtió en la totalidad de tu identidad. Te volviste tan inmerso en la materia de este plano que te convertiste en el hombre inseguro, atemorizado, el hombre vulnerable, el elemento mortal, porque olvidaste la poderosa esencia que vive dentro de ti. Así, conociste la muerte, pero te olvidaste de la vida. Conociste la tristeza, pero te olvidaste de la alegría. Conociste al hombre, pero olvidaste a Dios, tu inteligencia sublime que te permite crear tus ilusiones de cualquier manera que elijas.

    Todos vosotros habéis vivido muchas vidas sobre este plano. Algunos, treinta mil vidas. Otros, diez mil. Otros, solamente dos. Esas son las veces que has vivido y que has muerto. Y aunque tus vidas sobre este plano han sido sólo un sueño, un juego, una ilusión en la aventura de la vida, ellas te han corrompido inmensamente. Has vivido tantas vidas en las que se te ha recordado, por la familia, la sociedad, la religión y los poderes gubernamentales, que eres desgraciado y que Dios no está a tu alcance, que todo ello se ha convertido en la firme realidad de tus procesos de pensamiento.

    Hasta el día de hoy, la mayoría de vosotros aún no sabe que vosotros sois Dios, que poseéis en vosotros el poder de saber y ser todas las cosas. Así pues, dejas que maestros, religiones y demás gobiernen tu vida e interpreten la verdad por ti. Permites que el entendimiento de otros complique y confunda la simple verdad que se ha dicho durante años en vuestro tiempo: que el Padre y el reino de los cielos están realmente dentro de ti. ¿Qué otra verdad puede escribirse más grande que ésa? Pero muchos de vosotros que no saben esto, aún piensan que deben entregarse al dogma y a ciertos mecanismos — rituales, plegarias, cánticos, ayunos, meditaciones— para poder conectarse con Dios y conseguir la iluminación. Sin embargo, cuanto más haces estas cosas, más convences a tu alma de que no eres aquello en lo que estás tratando de convertirte, que estás muy lejos del amor de Dios y del entendimiento que buscas, pues tienes que realizar arduas tareas para alcanzarlo.

    Ahora, la religión no está equivocada. Aquellos que han establecido y han llevado adelante las enseñanzas religiosas, son tus amados hermanos que, en la búsqueda de entender su propia divinidad, su propio valor y poder, han esclavizado a sus hermanos y, por lo tanto, se han esclavizado a sí mismos. Lo que ellos han hecho, por perjudicial que haya sido, ha sido su verdad para su experiencia y entendimiento. Yo soy amante de toda la gente, incluso de los sacerdotes y videntes, pues ellos también son Dios.

    Practicar rituales y seguir el dogma no es algo equivocado. Pero nunca lo sentirás completamente correcto porque la voz dentro de ti —que es Dios— te dice que tú ya eres lo que estás luchando por alcanzar.

    Yo he vuelto aquí simplemente para decirte que hay un camino mejor. Y también que tú ya eres Dios, y que nunca has fracasado, que nunca has hecho nada malo. Que no eres una criatura miserable y maltrecha, ni tampoco un pecador, y que no existe ese maravilloso disparate llamado diablo. Cuando te des cuenta de estas cosas, entonces podrás enfocarte en el asunto de ser feliz, que es lo que el Padre es. El Padre no es una criatura santurrona, meditabunda, lúgubre y enfadada. Él es la esencia que es alegría completa e infinita.

    Yo te digo: Dios está dentro de ti. Ha estado ahí en todas tus vidas. Tú eres realmente Dios, pues él es la inteligencia divina y creativa que se aloja dentro de la cavidad de tu ser, la esencia que te ha amado hasta la experiencia de la limitación, y que te amará otra vez de regreso hacia lo ilimitado.

    La limitación ha sido una aventura, una experiencia, y la mayoría en este plano la está experimentando inmensamente. Por desgracia, olvidaste que hay algo mejor, e hiciste de la limitación un modo de vida. Si solamente supieras que a través del pensamiento ilimitado podrías trascender el cuerpo y todos los planos y universos, nunca elegirías ser limitado otra vez. Si solamente supieras eso y te permitieras recibir y abrazar todos los pensamientos, tendrías alegría y paz en la vida por encima de tus mayores sueños.

    El pensamiento es el máximo creador. Cualquier cosa que pienses y te permitas sentir se convierte en la realidad de tu vida. Cada pensamiento que abraces que trascienda el espectro del pensamiento limitado, así se manifestará para un ensanchamiento o ampliación de tu vida. Sólo necesitas abrir tus procesos de pensamiento para aceptar pensamientos incluso más ilimitados, para que así puedas transformarte de hombre limitado a Dios ilimitado.

    Tal como te has convertido en el conocimiento de que eres miserable en tu ser, si sabes que eres Dios dentro de tu ser, te convertirás en Dios en tu totalidad. Para poder volver a lo que ahora se llama el séptimo nivel de entendimiento del pensamiento puro, al máximo estado de ser —un estado en el cual tú eres el poder máximo de todas las cosas— lo único que necesitas es saber que el Padre vive dentro de ti. Pues la memoria de que eres Dios habita dentro del alma de tu ser. Está ahí, latente en tu alma, esperando ser reconocida, lista para convertirse en una realidad experimentada. Y se convertirá en ello cuando lo sepas. Cuando sepas que eres Dios, ese sentimiento de certidumbre creará las experiencias y el entendimiento que te enseñaran que lo que sabes en tu interior es verdad. Nadie puede darte ese saber interior. Sólo tú puedes alcanzar ese entendimiento mediante tus propios procesos de pensamiento y tu ser emocional.

    Cuando sabes que tú y Dios sois uno, eliminas de tus procesos de pensamiento las actitudes de separación y te unes con tu Dios-fuente otra vez. Cuando te das cuenta de que la inteligencia del Padre, totalmente sabia y conocedora de todo, es todo pensamiento, la base de todo cuanto existe, y te permites ser todos los pensamientos, entonces eres todo lo que Dios es, o sea, todas las cosas. Retornas entonces a tu libertad, tu grandeza y tu gloria. Y ya no tienes que volver a este cielo una y otra vez, sino que puedes continuar hacia cielos más grandes y aventuras mayores que te esperan.

    Yo te digo: no hay nada que debas realizar en este plano excepto ser quien tú eres y lo que eres. Pues el conocimiento de que tú eres Dios se alcanza en un estado de ser, porque Dios es ser, el Ser de toda la vida. Estar en un estado de ser —un estado de permitirte a ti mismo simplemente ser quien eres, de cualquier forma que lo expreses— es ser completamente como el Padre es. Y eso lo puedes alcanzar en un momento; en un instante está hecho.

    Dios es este ahora. El infinito es este ahora. Ser Dios para siempre es vivir totalmente en la eternidad de este ahora, pues así es como Dios vive. Simplemente sé. Entonces serás uno con el Ser y la continuidad de toda la vida, y tu cuerpo se elevará a sí mismo para convertirse en esa continuidad. Entonces no tienes que morir, sino que puedes trascender todos los planos hasta el séptimo, que es la conclusión de todas las cosas, pensamiento. He aquí una gran verdad.

    El hombre está empezando a salir de la limitación porque hay muchos sobre vuestro plano que se están cuestionando sus vidas y por qué son esclavos de la hipocresía del gobierno, del dogma, de la sociedad y adonde éstos te van a llevar. Ellos están empezando a amarse a sí mismos y a los demás lo suficiente como para ver más allá del velo de la conciencia limitada y elevarse por encima de ella. Están despertando al entendimiento de que hay una esencia que yace dentro de ellos —y dentro de toda la gente— que es gentil, amorosa y sabia. Empiezan a darse cuenta de que todas las profecías, todos los cuentos, y todos los miedos que han gobernado a la humanidad durante tanto tiempo no se han manifestado; los han sobrevivido a todos. Ellos se están cuestionando quiénes son, y por qué, si quieren amar a Dios, deben sentirse aterrorizados por él.

    La conciencia en este plano está cambiando. El entendimiento limitado que ha convertido al hombre en una criatura bestial generación tras generación, se está despejando para permitirle al hombre ser la sublime esencia de Dios que él es.

    Ya es hora de que llegue una nueva enseñanza, aunque no es nueva en absoluto. En lo más profundo de tu alma, sabrás cuál es la verdad, porque la verdad te permitirá ver más allá del estancamiento de las creencias dogmáticas hacia el firmamento del pensamiento y el entendimiento que siempre ha estado ahí. En el momento que se quite la soga de tu cuello, y los sentimientos de alegría salgan a la superficie y se vuelvan eminentes dentro de tu alma, empezarás a ser ese magnífico Dios que eres en un estado de ser.

    Esta época vuestra está llegando a su fin. Esta ha sido la Era de la Carne. La nueva era está ya en el horizonte y se llama la Era de la Luz, la Era del espíritu Puro, la Era de Dios. Es la era en la que el hombre sabe que todos somos iguales y que el reino de los cielos ha estado siempre dentro de él. La Era de la Luz llevará al hombre de regreso al pensamiento ilimitado, a un reino sublime de amor, alegría y libertad del ser. Quienes formen parte del nuevo reino no serán los señores de la guerra ni los tiranos entre los hombres, sino los heraldos de la paz, que se han elevado sobre el estancamiento de la limitación para decir: «Yo soy Dios, y amo todo aquello que veo, pues soy todo lo que veo, y amo lo que soy». Quien llegue a este entendimiento elevará la totalidad de la conciencia con su luz única y solitaria. Y, uno por uno, vosotros volveréis a un estado de ser ilimitado, enriquecido con las perlas de la sabiduría que os permitirán crear más sabiamente en la próxima eternidad.

    Tus vidas sobre este plano han sido una gran ilusión, un gran sueño. Pero despertarás de ese sueño habiendo aprendido, entendiendo a Dios. Todos lo harán. Un día alzarás la mirada a un cielo lleno de nubes. Cuando mires al cielo verás un resplandor de luces brillantes parpadeando por todas partes, y creerás que las estrellas mismas han bajado a acurrucarse en las nubes. Lo que tú verás es lo que toda la humanidad va a ver, y ello te ayudara a despertar de tu sueño y a darte cuenta de que todo lo que yo te estoy enseñando es, de hecho, una gran verdad y una maravillosa realidad.

    Ramtha